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Hoy
ELEGIR
PARA LA VIDA
©
DRA. MARINA MÜLLER
¿Somos los seres humanos, libres para elegir? Podríamos decir que
"no nacemos libres" sino que "nos hacemos libres", en cuanto
vamos construyendo espacios de autonomía.
Somos libres o no, según la posibilidad de reconocer y trascender las
ataduras que nos limitan. La libertad es una potencialidad que podemos cultivar,
descuidar, o llegar a oprimir... en
nosotros mismos y en otros.
La libertad incluye aspectos dependientes, como pertenecer a una familia,
a una cultura, a una nación. El ser humano puede optar por desarraigarse de
dichas dependencias, o verse obligado a ello (los refugiados, los migrantes).
Cada una de esas elecciones o desvinculaciones tiene consecuencias psíquicas y
sociales.
¿Cómo se ejerce la libertad?
Los seres humanos no tenemos una existencia fijada de una vez para
siempre, sino que podemos elegir, podemos participar protagónicamente en el
camino de nuestra vida. Esto nos permite obrar según nuestras convicciones,
hacernos responsables de nuestros objetivos, superar una actividad realizada
bajo el signo de la obligación. Producimos respuestas libres cuando decidimos,
ante un objeto, situación o relación que reviste importancia, que significa un
valor.
La respuesta libre está basada en el conocimiento: la decisión se hace
sobre una información concientemente asumida.
Disponer de información es importante en la preparación de nuestras
opciones. Supone una evaluación crítica respecto a los datos aportados por los
medios y por los distintos informantes. Es necesario analizar, interpretar,
organizar la información, descartar lo irrelevante y lo tendencioso, para
movilizar mejor las decisiones. Es importante buscar esclarecimiento, acompañarse
de espacios de reflexión, y si es necesario, solicitar ayuda, cuando se trata
de efectuar algunas elecciones importantes.
Pensar con otros, pero no que otros piensen por nosotros. Es necesario
asumir los riesgos del ejercicio de la libertad.
El problema consiste en vincular esta libertad individual con la
solidaridad hacia nuestros semejantes, hacia el medio ambiente y hacia el futuro
de la vida (humana, animal, vegetal, ecológica) en nuestro manipulado planeta,
reconociendo y respetando la diversidad y la complejidad.
No nacemos libres, sino enormemente dependientes y carecientes, aunque
con mil posibilidades que van desarrollándose según las oportunidades y
potencialidades de cada cual. Necesitamos aprender a ser libres, aprender a
ejercer la libertad, y para ello es importante el aporte de la educación, tanto
en la familia y otros grupos sociales, como en la escuela.
La libertad es primero una LIBERTAD DE, una mínima libertad con respecto
a limitaciones y opresiones, que nos garantice poder manifestar nuestras
preferencias, poder elegir entre diversas alternativas. Este es el primer paso
indispensable para ejercer la libertad.
Quienes carecen de lo mínimo digno en alimento, vestimenta, vivienda, en
acceso a la educación, protección de la salud, o carecen de un trabajo
remunerado con dignidad, ven sumamente restringida su libertad de opción, y muy
limitado el paso siguiente, la LIBERTAD PARA hacer algo.
Recién este segundo momento de la libertad, la LIBERTAD PARA, es un
ejercicio de la autonomía, desde la aptitud de darnos a nosotros mismos las
pautas que orienten nuestra vida.
Sin embargo, aún si nos sentimos "libres de" coacciones
directas, no es seguro que estemos libres de coacciones más sutiles, como la
poderosa voz de la publicidad, o los mandatos familiares, o las propuestas que
nos indican qué "debemos" pensar, decir o hacer en las distintas
situaciones de nuestra vida: las modas, las costumbres, las representaciones
sociales, los prejuicios.
Los medios de comunicación, las pautas sociales, el consumismo, nos
seducen y nos sugieren poderosas restricciones que afectan nuestra
"libertad para". Es difícil resistir al modelado social que coarta la
libertad, cuando toma la forma de ideas o representaciones establecidas e
incuestionables. Por ello el proceso de elección requiere una actividad
reflexiva.
Hay también un "tener que hacerlo", o "no poder dejar de
hacerlo": las compulsiones, las adicciones, los vínculos codependientes
que no pueden modificarse o dejarse. Son distintos aspectos de una libertad
cercenada.
Hay límites externos de la libertad, que
aseguran una convivencia civilizada, dados por las leyes y por el sistema jurídico.
Ciertos usos de la libertad individual o grupal pueden producir daño a otros.
Para una convivencia pacífica es necesario que existan límites a la libertad
cuando puede molestar o dañar a otros y al entorno: "nuestra libertad
termina donde se inician los derechos de nuestros semejantes", nos dice una
conocida máxima.
Ser libre es llegar a serlo,
es tomar conciencia y liberarse de los condicionamientos que nos invalidan, de
la tiranía de los impulsos, que la educación nos prepara a canalizar
socialmente mediante el autocontrol y la tolerancia.
Es importante tomar conciencia que nuestras decisiones producen cambios,
así como podemos influir en los acontecimientos y configurar nuevas realidades
con la fuerza de nuestras expectativas, con nuestra cuota de confianza y
esperanza.
Las decisiones que realizamos suponen un margen de creatividad, una
novedad con lo anterior, afrontar compromisos y riesgos que fundan nuevos
acontecimientos en nuestra vida y en la de quienes nos rodean.
El ejercicio responsable de la libertad personal recorre una amplia gama
de elecciones significativas, realizadas durante todo el transcurso de la vida,
desde que al sujeto le es posible
la reflexión.
Las elecciones significativas, no involucran
solamente estudios o trabajos, como en las elecciones vocacionales y
profesionales-laborales. Los adolescentes y jóvenes, así como los adultos,
afrontan otras decisiones muy importantes: elección de amistades; opción por
valores, por estilos de vida; orientaciones religiosas, ideológicas, políticas;
cuidado de la salud; participación voluntaria en organizaciones no
gubernamentales, políticas, religiosas, etc;
elección de pareja, de paternidad y maternidad responsables.
Aprender a formar un pensamiento crítico, a desarrollar la creatividad,
a elegir, deberían ser importantes objetivos de la educación en todos sus
niveles.
Toda decisión requiere abandonar o postergar otras posibilidades, con el
correspondiente desprendimiento y el riesgo que eso implica.
Cuando es difícil elegir entre diversas posibilidades que representan el
mismo grado de preferencia personal, se puede optar entre obrar y no obrar. O se
puede optar entre decidir "ya" o postergar la elección hasta
clarificar qué hacer, obteniendo mejor información y en un proceso más
prolongado de elaboración personal.
Con frecuencia queremos cosas contradictorias o conflictivas entre las
que tendremos que establer prioridades, escuchando la voz de nuestro querer más
profundo, que da sentido a nuestra
vida.
Aprender a ser libres requiere una cuota de disciplina, para aprender las
reglas del conocimiento sistemático, las reglas de la convivencia, y la misma
autonomía.
Además de la libertad de... y la libertad para... existe la LIBERTAD
CON, cercana a la solidaridad. Nuestra libertad personal solo adquiere sentido
si compartimos con otros ese valor, si nos esforzamos en hacer partícipes de
los beneficios y responsabilidades de la libertad a los otros.
La Madre Teresa de Calcuta, una de las figuras cumbres de nuestra época
en cuanto al ideal de la solidaridad, nos ilustra también respecto a la
libertad: la libertad de darse en amor solidario, de entregar lo valioso de sí,
de poner ideales en la relación con los otros, en el quehacer personal, en el
contexto humano, en las urgencias desgarrantes de los dramas sociales.
A muchos adolescentes y jóvenes les asusta el ejercicio de su libertad.
Un consultante de orientación vocacional de 18 años, a punto de
terminar 5to. año y aún sin la menor idea de qué decisión vocacional tomar
sobre sus futuros estudios universitarios, me decía que preferiría irse a
dormir, y que le cambiaran el cerebro durante el sueño, en lugar de pensar
sobre sus dudas y sus temores. Y fantaseaba poder despertar con las ideas claras
y una decisión ya tomada respecto a su futuro, sin tener que pasar por la
angustia del proceso de elección.
Es que asusta afrontar la confusión, la indeterminación,
la indefinición, hasta llegar a una elección que compromete la vida y el
futuro.
Hay temor a equivocarse, a fracasar, a sentirse atrapado en la decisión
tomada.
Temor a afrontar los esfuerzos y riesgos que
implica decidirse.
Temor a claudicar los sueños, miedo a las rutinas despersonalizadoras, a
un mundo competitivo y hostil, a la falta de oportunidades. Miedo a asumirse, a
hacerse cargo de sí mismos, a responder a la vida, a las expectativas propias y
de los otros.
Por eso tantos jóvenes demandan ayuda para elegir. Para darse tiempo y
lugar para pensar sobre ellos y ellas, para sacudir los estereotipos y
despegarse de los clisés, para reconocerse libres, o llamados a serlo. Para
animarse a elegir. Para atreverse a soñar en su futuro.
La libertad de, la libertad para, la libertad con..., son la
vigencia de un sueño de alto valor para la especie humana. No solo durante la
adolescencia y la juventud, sino durante toda la vida. Aprender a elegir, ya
desde muy pequeños, desde la familia y la escuela. Y seguir construyendo
dimensiones de libertad solidaria, cada día de nuestras vidas.
Lecturas
sugeridas:
Müller,
Marina (1998) Orientar para un mundo en transformación. Los jóvenes entre
la educación y el trabajo. Ed.
Bonum, Bs. As.
Savater,
Fernando (1994) Ética para Amador. Ed. Ariel-Espasa Calpe, Bs. As.