“¿Jugamos… cuando Jugamos?”
Una mirada articulada de la hora de juego
psicopedagógica.
Autora:
Lic. Nélida Atrio. Editado por: Cifap
El campo de la psicopedagogía encuentra hoy un nuevo instrumento a utilizar tanto en el diagnóstico psicopedagógico, como en el tratamiento. La hora de juego se ha nutrido hasta el momento, muy especialmente de las investigaciones realizadas en psicología evolutiva y en psicoanálisis, altamente valiosas por cierto; no obstante el campo del aprendizaje requiere complementar estas conceptualizaciones, con otras que nos ayuden a observar específicamente, cómo funciona la inteligencia y qué recursos utiliza para apropiarse del objeto de conocimiento. Es por eso que anunciamos la publicación acerca de la hora de juego diagnóstico con material no figurativo, investigación realizada por la Lic. Nélida Atrio, tratando de operativizar el proceso cognitivo inconsciente, lo cual se relaciona específicamente con el objeto de estudio de la psicopedagogía: El Hombre en Situación de Aprendizaje.
La temática del juego ha sido siempre una preocupación en mi propia formación académica, como en la clínica y en la docencia.
Me he cuestionado muchas veces sobre los análisis que hacia de las Horas de Juego Diagnosticas y en el tipo de material que utilizaba para ellas, dado que mi lectura se centraba mucho mas en los aspectos proyectivos de las misma, que en los proceso cognitivos inherentes al campo del aprendizaje.
Fue así que las lecturas y formaciones posteriores realizadas con Sara Paín, Alicia Fernández, Ana González y Rosa J. De Langer, me proveyeron aspectos que iban dando algunas respuestas a los interrogantes. Así comienza una búsqueda en la clínica que me permita aun mas poder analizar el funcionamiento cognitivo en el material inestructurado y articularlo con los Significantes que recurrentemente se observaban desde lo proyectado.
A la vez y a través de las supervisiones realizadas a distintos equipos hospitalarios y en consultorio privado, como en el campo de la docencia universitaria, he podido comprobar que esta dificultad de analizar los aspectos de la inteligencia, sigue obturando la posibilidad diagnostica, e interviene de manera preponderante en la realización de un Diagnostico Diferencial, así como en las necesidades de interconsulta.
Si bien este será solo un pequeño aporte, el mismo podra complementarse con los que le precedieron, ya que legaliza la mirada psicopedagógica, focalizando en su objeto de estudio, "el hombre en situación de aprendizaje" abarcando, como diría Sara Paín la mirada sobre el organismo, el cuerpo, la inteligencia y el deseo.
Por que priorizar la acción de jugar como uno de los elementos diagnósticos en niños, porque aquí ante la consigna el niño no se convierte en personaje, es el quien pone en juego su Ser de manera total escenificando su propia escena, su propia vida interior, sus propios conflictos.
Estos despliegues escénicos dan salida a las representaciones que ponen nombre a las cicatrices y huellas psíquicas que imposibilitan la apropiación del Objeto de Conocimiento.
Por otro lado para poder ponerlas en escena el niño debe recurrir al uso de su funcionamiento cognitivo inconsciente, sus asociaciones simbólicas, sus áreas de almacenaje de información neuronal y sus áreas de procesamiento témporo-parietal.
Si pensamos que aprender es producir cambios y transformaciones a partir de los conflictos cognitivos que se presentan en el proceso de apropiación, por que no podemos pensar que cuando el niño juega aprende y pone en juego las mismas variables que utiliza cuando tiene que lograr un producto en la sistematización del aprendizaje.
Un diagnostico en Psicopedagogía debería orientarnos a descubrir como ese niño en este caso, construye el símbolo, que modalidad de aprendizaje muestra, cuales son los esquemas de acción y de representación mental recurrentes, que variables del funcionamiento cognitivo inconsciente esta pudiendo poner en juego, cuales son los agrupamiento infra-lógicos y lógicos que utiliza. Todo esto contextuado en la relación con el Otro enseñante, la aceptación de la castración que permitirá el desarrollo simbólico y la sublimación a través del aprendizaje, derivando la energética pulsional a los objetos de conocimiento.
Todo este despliegue afectivo-cognitivo será el resultante de la historia del niño, a partir de ser nombrado en el discurso parental hasta el aquí y ahora de la situación evaluativa a través del juego.
Podemos pensar entonces que los registros cerebrales, si bien tienen una impronta biológica y necesitan de un claro andamiaje orgánico, no serian suficientes ya que no dejan de estar ligados al plano de la significación inconsciente que da sentido y orienta ese funcionamiento a través del sistema límbico.
Desde esta mirada podríamos decir entonces que aun cuando el niño posea un cerebro totalmente sano, incluso desde el punto de vista funcional; no obstante su aprendizaje podrá verse afectado, ya que dependerá del lugar que logre ubicarse ante la posibilidad de apropiarse del conocimiento, asi como al uso del proceso secundario del pensamiento sobre el primario, para que la lógica organice y de coherencia y sentido a la fantasia, ligada al principio de realidad.
Para no seguir prolongando esta introducción que como tal ya se introduce demasiado, podríamos sintetizar que la Hora de Juego Psicopedagógica solo con Material no Figurativo, permitirá así elaborar hipótesis acerca del porque de las dificultades de aprendizaje, observar las posibilidades lógicas del niño y la articulación que puedan tener dichas dificultades, con problemáticas emocionales y o cerebrales.